
T.Original/Año: “Sucker Punch” (2011)
Dir.: Zack Snyder
Int.: Emily Browning, Abbie Cornish, Jena Malone, Vanessa Hudgens, Jamie Chung, Oscar Isaac, Carla Gugino, Scott Glenn, Jon Hamm
Que Zack Snyder es uno de los grandes malabaristas visuales de Hollywood es algo que ya sabíamos. Desde su impagable debut en el remake de “Amanecer de los muertos” (2004) se ha erigido como uno de los cineastas con mayor capacidad para crear imágenes que dejen al espectador clavado a la butaca que ha dado la industria en los últimos años; no en vano, su tratamiento de la imagen -muchas veces rozando la experimentación plástica- se ha erigido más de una vez en salvador de algunas de sus películas, como pueda ser el caso de “Ga’Hoole. La leyenda de los guardianes” (2010) o, en menor medida, de “Watchmen” (2009).
Otra cosa que queda bastante clara echándole un vistazo a la filmografía de Snyder es que es un freak de dimensiones bíblicas. Su conocimiento -y aprecio- de la estética y los mecanismos argumentales del cine de género rozan en ocasiones lo absurdo, y su apuesta por hacer las películas que a él le gustaría ver como espectador netamente friki bordea peligrosamente lo suicida, hollywoodiensemente hablando. A fin de cuentas, hablamos del hombre que tuvo los santos huevos de llevar “Watchmen” a la gran pantalla, y que no fuese el desastre que muchos pensábamos que podría ser.
Ambas facetas de Snyder, la de orgiástico desarrollador de imágenes y la de friki impenitente, convergen en “Sucker Punch”. Y el resultado, un poco como pasó con “Watchmen”, se queda a mitad del camino de lo que podría haber sido. Si bien la parte visual es tan arrolladora como un puñetero tren de mercancías, el guión es francamente irregular, y va perdiendo ritmo a medida que avanza la película hasta hacerse farragoso en su segunda mitad, llevando a un desenlace apresurado y anticlimático, totalmente ajeno a lo que ha sido hasta entonces la película, y que deja al espectador con la desagradable sensación del “¿y ahora qué?”.
Los actores van capitaneados por una muchacha que, además de limitada, es sosa con ganas: Emily Browning. Muy mona, eso sí, pero desde luego poco dotada para liderar una banda de chicas guerreras (posiblemente Amanda Seyfried lo hubiese hecho algo mejor; nunca lo sabremos). Menos mal que ahí están Jena Malone y Abbie Cornish para dar una santa patada en las posaderas a la protagonista; la primera aporta la gracia y el desparpajo, mientras la segunda es el personaje fuerte que no es Browning. Las otras dos integrantes del quinteto, Vanessa Hudgens y Jamie Chung, apenas aportan nada a nivel dramático. La parte del león la tiene el villano de la historia, encarnado por el guatemalteco Oscar Isaac; sin ser un villano de primera fila, es un personaje agradecido, y que merecía mejor final que el que acaba teniendo.
Sin embargo, aquí lo que importa no es el guión, ni los actores. Lo que importa es una orgía visual como pocas veces tendréis la oportunidad de ver en un cine, y un desfile de imaginería freak que hará saltar las lágrimas de emoción al más experimentado de los roleros. Porque Snyder no se ha dejado absolutamente nada: de momentos absolutamente manga (herederos de “Azumi” y similares) a robots asesinos, de zombies steampunk a dragones dungeonianos, sin olvidar a los orcos, los nazis, los zeppelines, las katanas y un impagable mecha. Hay de todos los colores, y para todos los gustos. Y las escenas de acción que los envuelven son tan exageradas, divertidas y absurdamente brutales como podáis imaginar, y más aún. Como ya he dicho, cualquier jugador de rol va a descubrir lugares muy comunes en las escenas de acción de “Sucker Punch”. Lo malo es que, sin un bagaje previo, muchos de esos guiños serán pasados por alto, lo que puede hacer que el espectador medio salga del cine sin tener ni puñetera idea de lo que acaba de ver.
Entonces, ¿es “Sucker Punch” una mala película? En absoluto. ¿Es una genialidad incomprendida? Pues tampoco. Es (con perdón) la paja mental de un friki harto de que las películas no le den aquello que quiere ver: chicas guapas, música atronadora, tiros, peleas, orcos, dragones, robots y otras hierbas del mismo calibre, metido en una coctelera y servido a un ritmo apabullante. Quizá la mezcla debería agitarse menos, o tal vez debería haber contenido menos elementos combinados, pero eso no la hace menos disfrutable para aquellos con el paladar lo suficientemente encallecido como para saber de qué habla Zack Snyder. El resto, mejor que se abstengan.