Crítica: “Underworld. La rebelión de los licántropos”

Publicado: marzo 25, 2009 en Cine, Críticas

cartel_underworld_la_rebelion_de_los_licantropos_0101_0T.Original: “Underworld. Rise of the Lycans”

Año: 2009

Dir.: Patrick Tatopoulos

Int.: Michael Sheen, Bill Nighy, Rhona Mitra, Steven Mackintosh, Kevin Grevioux

Cuando hace seis años se estrenó “Underworld”, los jerifaltes de White Wolf interpusieron a la productora de la película, Screen Gems, y a su guionista, Danny McBride, una demanda por plagio de sus juegos “Vampiro: la Mascarada” y “Hombre Lobo: el Apocalipsis”, y también por plagio de una novela publicada por la editorial, “The Love of Monsters”, de Nancy A.Collins. Aunque supuestamente perdieron la demanda (que no se sabe seguro, porque los portavoces de White Wolf no abren boca del tema desde 2003, aunque el paso de seis años y dos películas más dan por supuesto que la perdieron), sólo hay que ver la película para darse cuenta de que es imposible que no se basaran en los juegos del Mundo de Tinieblas. La estética, la violencia, la imagen de vampiros y hombres lobo y el enfrentamiento milenario entre ellos… todo olía a White Wolf por todas partes. Y si alguien podía tener dudas todavía, “Underworld. La rebelión de los licántropos” es la confirmación definitiva de que Len Wiseman & cía tienen más cara que espalda. Y es que esta secuela/precuela o lo que sea es a la saga “Underworld” lo que la línea “Edad Oscura” a los juegos de White Wolf.

Sin embargo, donde la primera “Underworld” era una película francamente entretenida, con enormes dosis de violencia y diversión y una estética neogótica que le iba como anillo al dedo, esta “Underworld. La rebelión de los licántropos” es, básicamente, cartón piedra. Y es que, más allá de una estética medieval fascinante (aunque poco realista; puede que ahí resida su encanto), la película de Patrick Tatopoulos es más falsa que un euro de madera: mal contada, con un guión que puede calificarse de inexistente (a falta de otros adjetivos más ofensivos) y unos efectos especiales que parecen hechos por un becario de Ray Harryhausen en su peor época. Eso, por no hablar de los actores. No deja de ser curioso que dos actores tan respetados y de tanto talento como Michael Sheen (que interpreta por segunda vez a Lucian, el jefe de los licántropos) y Bill Nighy (que hace lo propio con Viktor, el malvado jefe de los vampiros), que han demostrado sobradamente que son excelentes actores, estén tan mal aquí; pero la que se lleva la palma, sin duda, es Rhona Mitra: la que fuera modelo para crear a Lara Croft es una actriz más que pésima, cuya idea de interpretar a la vampira Sonja (que, por cierto, se parece a la Sonja vista en “Underworld” como un huevo a una castaña) es imitar la interpretación de Kate Beckinsale en las dos primeras películas; pero donde el hieratismo y la inexpresividad de Beckinsale eran un beneficio añadido a su interpretación de la solitaria y ofuscada Selene, lo mismo en Mitra sólo consigue dar la sensación de estar frente a un trozo de madera. Vale que en este tipo de películas el talento de los actores no suele ser especialmente importante, pero lo de esta muchacha es pasarse: escenas como aquella en la que revela a su padre que está embarazada, que deberían tener un mínimo de profundidad dramática aunque sólo fuera para que el espectador se lo crea, provocan más risa que otra cosa, porque la interpretación de la Mitra roza unos niveles de patetismo increíbles, salvándose únicamente cuando reparte mamporros.

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Probablemente el único que se salva de la quema es Kevin Grevioux, el que fuera co-guionista de la primera película, y que tanto en aquélla como aquí interpreta al licántropo Raze, mano derecha de Lucian. Sin ser la octava maravilla, su interpretación de un humano asustado y metido hasta las cachas en un conflicto que no entiende entre seres que supuestamente no existen es lo mejor de la película (a pesar de que ello no explique qué hace un afroamericano de dos metros en plena Europa medieval, pero eso es otra historia…).

En definitiva, que “Underworld. La rebelión de los licántropos”, es la confirmación de que la saga está ya más muerta que los vampiros protagonistas, y que lo que fue una idea interesante a pesar de las acusaciones de plagio ha derivado a la serie B más vergonzante, de esa que no pagas con placer culpable de ir a ver una cutrez, sino que descubres, a medida que avanza la película, que te ha estafado por la patilla y encima se muestra orgullosa de ello. Esperemos que quede aquí, y a nadie se le ocurra hacer un “Underworld 4”. R.I.P., Selene.

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