Cine vs. Historia: manipulaciones históricas en las que Hollywood se cubrió de gloria

Publicado: abril 28, 2009 en Cine

Últimamente, Cinematical está resultando una fuente de inspiración considerable para esta humilde cronista. Hace unos días me encontré con un artículo de Elisabeth Rappe, titulado “La delgada línea de las películas históricas”, en el que su autora comentaba hasta dónde puede ser lícito y normal que los creadores de un film histórico alteren la verdad en aras del entretenimiento, y planteaba una serie de ejemplos en ambos sentidos. Y eso me hizo pensar sobre el tema. Soy licenciada en Historia (especialidad siglo XVI, preparando la disertación sobre la Inglaterra de los Tudor; yo dejo caer el currículum, a ver si alguien se interesa y me contrata, que de ilusión también se vive), y más de una vez me he encontrado a mí misma maldiciendo a la progenie de más de un director que se ha pasado la historia por el forro para vender su obra. Porque no es lo mismo encontrarte con los espartanos de “300”, que no deja de ser un entretenimiento sin mayores aspiraciones (y qué demonios, mucho más divertida de lo que han querido verla algunos supuestos liberales de pacotilla…), que a Mel Gibson pegándose con los ingleses malutos de “Braveheart” , pretendiendo sentar cátedra histórica ante un público tan históricamente paleto como el yankee. Y, aunque las integrantes del equipo son legión, voy a poner unos cuantos ejemplos de películas que ofendieron los ojos de Clío (para los profanos: la musa de la Historia), para que veáis como se las gasta Hollywood a la hora de montar un buen blockbuster histórico. Y es que ya sabéis lo que dicen, nunca permitas que la verdad te estropee una buena historia…
el-reino-de-los-cielosVoy a empezar por una que conozco bien, porque estuve trabajando en el rodaje y porque más de una vez me llevé las manos a la cabeza viendo las burradas que se hicieron en él. Me refiero a “El Reino de los Cielos”, el fallido intento de Ridley Scott de repetir el éxito de “Gladiator” (por cierto, gran ejemplo de película en la que las inexactitudes históricas no importan), pero a la medieval. Aparte de la cagada en sí que es poner de protagonista a Orlando Bloom, que debe de ser el tío más soso del mundo (en serio, era la cosa más aburrida e insulsa del universo; menos mal que por lo menos tiene buena planta, porque si no se iba a hartar de ponerse de rodillas para que le dieran un papel), empezamos por convertir al personaje en cuestión, el barón Balian de Ibelin, de noble francés de alta cuna a herrero de poblacho e hijo bastardo de un noblecillo… ¡Ahí está! Luego está el tema de la princesa Sybilla, el personaje de Eva Green, que era por lo menos 20 años más joven que Balian (con el que, por cierto, nunca coincidió si hay que creer las crónicas históricas, que imagino que saben más del tema que Mr.Scott) y que se casó con Guy de Lusignan (el malo de la peli), un gilipuertas con muchas aspiraciones, aunque no peor que cualquiera de los otros cruzados (incluido el mismo Balian), porque le dio la realísima gana, y no por obligación como nos enseñan aquí. ¡Ah!, y lo mejor de todo: resulta que Balian (por cierto, apodado el Viejo, ya que su hijo, Balian de Ibelin el Joven también participó en las Cruzadas) aquí es viudo porque su señora se ha suicidado, vaya vuesa merced a saber por qué. Pero resulta que el Balian real no sólo no era viudo, sino que orquestó todo el mogollón de la Batalla de Hattin (cuyo nombre real fue Batalla de los Cuernos de Hattin, aunque supongo que eso era políticamente muy incorrecto para los traductores españoles) y la posterior evacuación de los cristianos de Jerusalén para rescatar a su mujer y a sus hijos, que por cierto le sobrevivieron en bastantes años. Un aplauso para el tío Ridley. Miedo me da lo que les puede hacer a los Plantagenet en la próxima “Robin Hood”.

braveheartPasemos ahora a una que me da especial rabia, por el éxito que tuvo y porque cogió a un personaje que hasta entonces conocían cuatro y el gato y lo puso en boca de todo el mundo, haciendo que el común de los espectadores se crean a pies juntillas lo que dice la película. Me refiero, claro, a “Braveheart”, gran éxito dirigido y protagonizado por Mel Gibson que ganó 5 Oscars allá por el lejano 1995. ¿Por dónde empezar, cuando hay tanto material por explorar? Podría hablar de lo raro que resulta ver a Mel, que por aquel entonces tenía ya 39 añacos, dando vida a William Wallace al principio de su enemistad con los ingleses, cuando se supone que éste tenía 19 primaveras; o de ese ligue del bueno de Eduardo II al que se carga su papá, el siempre temible Eduardo I Longshanks, tirándolo por una ventana por metomentodo: el ligue en cuestión se supone que es Piers Gaveston, un tipo más o menos igual de tocapelotas al que asesinaron los nobles ingleses muchos años después de las gestas de Wallace y algunos antes de que a Eduardo II le metieran un atizador al rojo vivo por el culo, que es como lo mataron. También podría hablar de lo bueno y noble que es Robert the Bruce, el futuro Roberto I de Escocia, y lo mal que se siente tras traicionar a Wallace a instancias de su padre el leproso… la realidad, mucho más peregrina, como siempre, nos dice que ni hubo padre, ni lepra, ni nada, y que Bruce fue un lameculos de Eduardo I que sólo se atrevió a desafiarle cuando vio que Wallace se convertía en un mártir, a ver si a él se le pegaba algo. Y llegamos a la parte que más me gusta: todo lo que tiene que ver con la princesa, que parece que no tenga nombre la pobrecilla. La “princesa” en cuestión es Isabel de Francia, hija del rey Felipe IV el Hermoso (el mismo que se cargó a los Templarios), y esposa, efectivamente, de Eduardo II… eso sí, 12 años después de la muerte de William Wallace, con lo cual muy difícilmente pudo el bueno de Wallace preñar a la muchacha, a no ser que volviera de la tumba expresamente para ello. La muchacha, además, es un personaje no demasiado apreciado por los historiadores británicos, que la llaman “la Loba Francesa”, ya que ella, junto a su amante, Roger Mortimer, fue la responsable del asesinato de Eduardo II (vía atizador) y la que puso Inglaterra en manos de los franceses durante su larga regencia en la minoría de edad de su hijo, Eduardo III (que, según la película, era hijo de Wallace, y no del rey; lo más probable es que fuera hijo de Mortimer, dadas las preferencias sexuales de Eduardo II). Igualita que en la película…

283las-hermanas-bolenaY llegamos a donde me duele más, porque entramos en un terreno que conozco bien: el siglo XVI, y concretamente la Inglaterra de los Tudor. Empecemos por “Las Hermanas Bolena”, que es, de lejos, la peor de las dos. Se supone que es una recreación del triángulo amoroso entre ese psicópata coronado que fue Enrique VIII y las hermanas María y Ana Bolena. Cierto es que las dos se abrieron de piernas ante el rey, una con mejor suerte que la otra (aunque cuál de las dos tuvo más suerte es algo complejo de decidir). Y hasta ahí cualquier parecido con la realidad; por lo pronto, nos pintan a María Bolena como una muchacha pura y virtuosa, cuando en realidad era poco menos que una guarrilla que ya se había llevado al huerto al rey francés, Francisco I, y a varios nobles galos, motivo por el cual tuvo que volver a Inglaterra, perdiéndose la exquisita educación francesa que sí obtuvo Ana, por cierto bastante antes que en la película: en ella, Ana huye a Francia después de: A) Fracasar en la seducción del rey, que acaba montándoselo con María, y B) Acostarse con Henry Percy, con el que se ha prometido, y que éste le dé después la patada. La realidad es que Ana fue enviada primero a Holanda, como dama de honor de Margarita de Austria (tía del Emperador Carlos V), con apenas 11 años, y, posteriormente, ya con 13, a Francia, como dama de honor de la reina Claudia de Francia, regresando al país cuando estalló la guerra entre Inglaterra y Francia, meses después de que su hermanita mayor se lo hubiera montado con Enrique. Eso, claro, por no mencionar que, para esa época, el rey Enrique VIII no era como el apolíneo Eric Bana, sino que ya empezaba a ser un tirano gordo y con una pierna ulcerada que olía a rayos.

51hgy9wk0hl_ss500_“Elizabeth” es otro caso significativo de manipulación histórica que, como “Braveheart”, peca sobre todo de querer sentar cátedra y aleccionar al espectador. Por lo pronto, se nos presenta a la princesa Isabel como un ser cándido y alejado de cualquier intriga política durante el reinado de su hermana, María I “la Sanguinaria”; aunque probablemente no sea cierto que estuviera implicada en ciertos complots, como creía la paranoica de su hermana, la verdad es que la futura Reina Virgen no se quedó quieta durante esos años, más que nada porque corría el riesgo de perder la cabeza si lo hacía. En la gloria se quedan también al convertir al que fue el principal consejero de Isabel, William Cecil, en un anciano que podría ser su abuelo cuando en realidad apenas era cinco o seis años mayor que la reina; consejero al que, por cierto, acaba despidiendo con cajas destempladas, cuando en realidad Cecil estuvo al lado de Isabel hasta el fin de sus días, siendo incluso alimentado por la propia reina en su lecho de muerte, que ya era decir muchísimo. Otra resolución brillante es la que le dan a la muerte de María de Guisa, reina regente de Escocia y madre de María Estuardo, que en la película es asesinada por el eficiente maestro de espías de Isabel, sir Francis Walsingham, después de haberse ido a la cama con él; en realidad, la regente escocesa murió de hidropesía, en una larga y agónica enfermedad que pudieron contemplar todos los nobles del país. Pero en lo que de verdad se quedan descansados es en la resolución dada a la relación de Isabel con el que fue el gran amor de su vida, lord Robert Dudley: en la película, Isabel perdona la vida a Robert para recordar que éste ha estado a punto de asesinarla, y se nos dice que Robert nunca volvió a ver a la reina, quien, ida de la olla por su fracaso amoroso, se convirtió en la Reina Virgen. La realidad es muchísimo menos dramática: Robert Dudley fue, siempre, el gran amor de la reina, quien lo mantuvo a su lado hasta su muerte en 1588 e incluso lo llegó a nombrar conde de Leicester, título de altísimo honor para quien había sido hijo y nieto de traidores confesos y ejecutados. En cuanto a lo de la manía que le dio a Isabel de convertirse en una imagen viviente de la Virgen, eso no llegó hasta bien entrados los 40, cuando se dio cuenta de que tenía que buscarse una imagen alternativa para que su pueblo la siguiera adorando a pesar de ser soltera y de no tener hijos.

En fin, hay muchos, muchísimos casos más, pero de momento me quedo aquí porque si no, no acabaría nunca. Hollywood seguirá pasándose la historia de la humanidad por el forro, y los de mi gremio seguiremos tirándonos de los pelos. Triste destino el nuestro…

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comentarios
  1. Hi, nice post. I have been thinking about this issue,so thanks for posting. I will probably be coming back to your posts. Keep up the good work

  2. Pao dice:

    Me mori de la risa con los comentarios, y tienes toda la razon, Hollywood hace extragos con la historia, (mi papá siempre me dice: te sentas a ver la pelicula o a criticarla) es que la verdad es inevitable criticar los horrores que cometen, y lo que mas me preocupa es que los niños crean que las peliculas son fieles a la historia.

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