Critica: “The Countess”

Publicado: octubre 4, 2009 en Cine, Críticas, Festivales

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T.Original: “The Countess”
Año: 2009
Dir.: Julie Delpy
Int.: Julie Delpy, Daniel Brühl, William Hurt, Annamaria Marinca, Sebastian Blomberg, Jesse Inman

Tengo que reconocer que entré a ver “The Countess” con ciertas reticencias. Como talibán de la Historia que soy (para qué voy a negarlo), me olía que iban a coger la historia de la sacrosanta condesa Erzsébet Báthory y se la iban a pasar por el forro. Y, de hecho, hasta cierto punto, así ha sido. Lo que pasa es que una cosa es intentar sentar cátedra (¿eh, Mel Gibson?), y la otra es partir de un hecho histórico para construir una historia paralela o, como en el caso que nos ocupa, un interesante what if. Porque eso es lo que es la película de Julie Delpy: no intenta exponer los hechos como si de un libro de Historia se tratase, ni vendernos a la Condesa bien como un demonio, bien como una mártir. Simplemente, ofrece la que bien pudo haber sido una buena explicación para el insólito comportamiento de esta mujer. La premisa de “The Countess” es simple: la condesa Erzsébet Báthory (Julie Delpy), tras quedar viuda siendo relativamente joven, aunque mayor para la época, conoce a Istvan Thurzó (Daniel Brühl), hijo de su primo político György Thurzó (William Hurt), quien poco antes se le ha ofrecido en matrimonio. A pesar de que Istvan es bastante más joven que ella, ambos inician un apasionado romance, hasta que el tiránico padre del joven decide tomar cartas en el asunto, enviando al chico a casarse con una noble danesa y haciendo creer a la Condesa que éste la ha abandonado por ser demasiado mayor. A partir de ahí, y debido a una serie de trágicas coincidencias, Erzsébet se irá adentrando en una espiral de locura cada vez más siniestra y sangrienta, obsesionada con recuperar la belleza y la juventud perdidas.

Aunque, de entre lo poco que se sabe de la vida de la condesa Báthory, sí sabemos que su locura homicida no tuvo nada que ver con un amor apasionado y arrebatado por un joven aristócrata (de hecho, Erzsébet era de tendencias más bien lésbicas), Julie Delpy construye una historia más que creíble alrededor de la leyenda de la Condesa Sangrienta, y es capaz de dotarla de un hilo argumental sin el cual sólo hubieramos tenido diferentes set-pièces sin demasiada relación entre ellos. A través de la relación amorosa, convertida en obsesión, de Erzsébet e Istvan, podemos navegar por la pérdida de cordura de alguien que, por el mero hecho de ser mujer en el siglo XVI, se ha visto obligada a cumplir siempre los deseos de otros, y que al perder lo único que ha tenido por voluntad propia, se derrumba y hace salir al exterior su parte más oscura. La narración es seca, cortante, fría como la hoja de un cuchillo, o más bien como los pinchos de la dama de hierro empleada por la Condesa para desangrar a sus víctimas; no podía ser de otra manera, pues se corría el riesgo de caer en el exhibicionismo gratuito (de hecho, no son muchas las ocasiones en las que vemos a la Condesa practicar sus macabras aficiones, así que quien espere ver una película de la Hammer mejor que no vaya); no hay personajes inocentes: ni Erzsébet, ni Thurzó (el verdadero villano de la película, por otra parte), ni siquiera Istvan, quien, pese a ser puro y bueno (un poco tonto, diría yo), no duda en cometer un cobarde acto de traición cuando se ve acorralado por las circunstancias. Y, aunque en ningún momento se nieguen la culpabilidad y la locura de Erzsébet, también se hace hincapié en la faceta menos honorable de aquellos que la juzgaron y detuvieron, los que sólo actuaron cuando las víctimas empezaron a contarse entre las hijas de la nobleza, los que no detuvieron sus crímenes por el horror de éstos, sino por la posibilidad de embolsarse sus posesiones terrenales.

Julie Delpy, una de las actrices predilectas de quien esto suscribe, hace un trabajo excelente personificando a la condesa Báthory. Fría, distante, orgullosa, sólo es capaz de mostrar emociones humanas frente a Istvan, y, a pesar de todo, es ella quien lleva la voz cantante en la relación. Su progresivo resquebrajamiento emocional es mostrado por Delpy de manera sumamente efectiva, y su forma de llevar adelante un personaje como el que interpreta, con el que el público difícilmente va a empatizar (y ella lo sabe), es admirable. Su interpretación es, sin duda, lo mejor de la película. Frente a ella, Daniel Brühl no tiene demasiado que hacer, excepto repetir su ya conocida interpretación de chico majete y encantador a pesar de las circunstancias (decididamente Daniel Brühl tiene que empezar a salirse de ese tipo de papel, porque cuando hasta Tarantino te da el mismo personaje, es que empiezas a estar encasillado), y William Hurt compone un villano clásico, hecho a partes iguales de ambición, resentimiento e hijoputismo general.

La recreación histórica es también estupenda: una fotografía igual de dura y fría que el resto de la narración, y un diseño artístico y un vestuario que nada tienen que envidiar a producciones de mucho mayor presupuesto, completan una visión nada complaciente de una historia igualmente dura, pero también triste. Porque tras el mito de la Condesa Sangrienta hubo una mujer real (sea la que plantea Delpy o cualquier otra), que tal vez no mereciera compasión, pero sí ser entendida por lo que fue, y no por lo que nos han enseñado a ver de ella.

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comentarios
  1. Laury dice:

    Muy buena tu critica, a mi lo que me paso es que pense que llegaria a odiar a la condesa, pero hasta me dio lastima… igual no mostraron todas las torturas, fue muy liviana la peli..

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