Crítica: Brothers (Hermanos)

Publicado: marzo 22, 2010 en Cine, Críticas
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T.Original: “Brothers”
Año: 2009
Dir.: Jim Sheridan
Int.: Tobey Maguire, Jake Gyllenhaal, Natalie Portman, Sam Shepard, Mare Winningham, Bailee Madison, Taylor Geare, Clifton Collins jr., Carey Mulligan

Jim Sheridan es un director al que siempre han interesado las relaciones familiares complejas, y el cómo las situaciones límite afectan a las familias que se ven implicadas en ellas, ya sea por causa de enfermedad (“Mi Pie Izquierdo”), inmigración (“In America”) o cárcel (“En el nombre del padre”, de lejos la mejor película de Sheridan). Por lo tanto, parece la persona idónea para dirigir esta historia que, aunque tiene por centro a los dos hermanos protagonistas, pone también el ojo en otras relaciones familiares: padres e hijos, maridos y esposas, suegros y nueras, abuelos y nietos. Para ello cuenta, además, con un trío de actores jóvenes, aunque de enorme prestigio en Hollywood: el ya ex arácnido Tobey Maguire, y dos nominados al Oscar como son Jake Gyllenhaal y Natalie Portman. En principio, material de primera.

Debo añadir que no he visto la cinta original danesa, dirigida en 2004 por Susanne Bier (como la mayoría de la gente, imagino), y cuyo máximo reclamo internacional era la presencia de Connie Nielsen (a la que recordamos sobre todo por “Gladiator”), en el papel que ahora hereda Natalie Portman. Con lo cual, me ahorraré la parte de las comparaciones. Sí es cierto que, pese a la americanización de conceptos, toda la película de Sheridan tiene un aire inequívocamente europeizante, empezando por esos parajes eternamente nevados (que nos retrotraen a la Dinamarca del original), y siguiendo por una fotografía sin estridencias, o una dirección absolutamente sobria. Demasiado sobria. En su afán de mantener el equilibrio de una historia ciertamente compleja, Sheridan se ha dejado la garra por el camino, lo que, sin hacerla pesada, sí lastra considerablemente la película, especialmente en los momentos en los que no está en pantalla Tobey Maguire.

Porque sin duda, lo mejor de “Brothers” es la interpretación de Tobey Maguire. El actor, que había perdido enteros desde que apareció en la franquicia del Hombre Araña (donde sus interpretaciones fueron de mal en peor, rozando lo lamentable), está extraordinario. Su trabajo es un auténtico tour de force consigo mismo, donde vemos cómo su personaje, Sam, evoluciona de chicarrón americano simpático, bonachón, buen hijo y mejor padre, hasta el ser amargado, paranoico y psicológicamente destrozado que regresa de Afganistán, de una forma tan cruda como admirable. La transformación, física y psicológica, del personaje de una a otra parte de la historia es llevada por Maguire con un pulso dramático abrumador, situándose entre las mejores interpretaciones del actor, junto a “Las normas de la casa de la sidra” y “Pleasantville”.

Al lado de Maguire, los habitualmente sólidos Gyllenhaal y Portman palidecen hasta convertirse en sombras. El personaje de Gyllenhaal, Tommy, un Caín que sólo encuentra la redención tras la (supuesta) muerte de su hermano, desaparece prácticamente a partir del momento en el que Sam regresa a casa, y no es sino hasta los diez minutos finales que vuelve a primera línea de acción. Por su parte, Natalie Portman (que, a pesar de estar tan guapa como siempre, parece diez años mayor de lo que es realmente, supongo que por cosas del maquillaje) se ve asfixiada en un personaje sumamente desaprovechado, que se limita a ser la manzana de la discordia, mientras sufre, eso sí, con un estilazo que echa para atrás.

Si hay alguien que está a la altura (o casi) de Tobey Maguire, es el veterano Sam Shepard. Éste, que interpreta al padre de Sam y Tommy, consigue construir un  personaje ambivalente, capaz de lo mejor (en su relación con Sam, Grace y las hijas de ambos) y también de lo peor (en su relación con Tommy y, por lo que sólo se intuye, también con su esposa). Shepard lo resuelve con enormes dosis de profesionalidad, a pesar de que el personaje no tenga una conclusión satisfactoria (por inexistente). Mención aparte merece la jovencísima Bailee Madison (10 añitos tiene la criatura), cuyo personaje incorpora un punto de vista poco habitual en este tipo de cintas: el de los niños, víctimas inocentes de una situación que no comprenden y que les afecta tanto o más que a sus mayores.

Todos ellos conforman un difícil cuadro familiar que, eso sí, Sheridan muestra sin recrearse en el morbo fácil ni en el dramón monumental, sino que dosifica con inteligencia hasta llegar a un clímax donde la tensión estalla en toda su dramática dimensión. No será una película extraordinaria, pero sí es un drama notable, bien dirigido e interpretado (ciertamente mucho más que la facilona “Precious”), y dirigido a un público adulto, centrado y alejado de chorradas descerebradas como los crepúsculos, fugas de cerebros y similares que pueblan nuestros cines.

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comentarios
  1. ariadna dice:

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