Crítica: La Cinta Blanca

Publicado: abril 11, 2010 en Cine, Críticas
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T.Original: “Das Weiße Band – Eine deutsche Kindergeschichte
Año: 2009
Dir.: Michael Haneke
Int.: Christian Friedel, Burghart Klaußner, Rainer Bock, Susanne Lothar, Branko Samarovski, Maria-Victoria Dragus, Leonard Proxauf, Ulrich Tukur, Ursina Lardi, Leonie Benesch, Josef Bierbichler

Michael Haneke es el gran retratista de las miserias y maldades de la sociedad europea en general, y de la germana en particular. Lo prueban cintas del calibre de “Funny Games” (en su imprescindible versión original) o “La Pianista” (cuyos personajes, surgidos de la pluma de la premio Nobel austríaca Elfriede Jelinek, son germánicos a pesar de estar interpretados por actores franceses), y, ahora, esta “La Cinta Blanca”. Película dura, incómoda, directa como un puñetazo en la boca del estómago, que deja al espectador con una profunda sensación de desasosiego. Puro Haneke, vamos.

Narrada en blanco y negro (fantástica fotografía la de Christian Berger, injustamente derrotado en los Oscar), sin banda sonora (excepto un par de momentos musicales a cargo de un coro infantil) y con planificación casi teatral, presenta a una serie de personajes que, como siempre en la filmografía de Haneke, nos son distantes, desagradables, ejemplos hiperbólicos de lo peor de que es capaz el ser humano. En este caso, los habitantes de un pequeño pueblo protestante de la Alemania rural, durante los meses previos al estallido de la Primera Guerra Mundial. La aparentemente tranquila y ordenada vida de sus habitantes se verá turbada por una serie de sucesos, algunos más accidentales que otros, que sacarán a la luz los horrores que anidan en cada casa. Y la violencia, sobretodo la violencia, algo con lo que Haneke está francamente obsesionado.

Así pues, nos encontramos con un barón, líder económico, social y moral de la comunidad, que trata a sus subordinados con enorme desdén y condescendencia; un médico al que vemos pasar de víctima a verdugo, maltratador físico y psicológico de quienes le rodean y abusador sexual de su propia hija; un pastor, guía espiritual, que imprime hacia su familia una violencia sólo equiparable a la represión que también ejerce con mano de hierro; y un grupo de niños, tan inquietantes como sus propios mayores, en cuyo interior late un deseo de destrucción y una maldad que anuncian la tragedia que se desarrollará cuando esos niños crezcan.

Decía Freud que todo aquello que se reprime termina reapareciendo tarde o temprano, generalmente de forma poco agradable. “La Cinta Blanca” es la sublimación de esa premisa: de cómo toda una generación, abusada y reprimida por unos mayores herederos de los males del siglo XIX, creció albergando una semilla de odio que daría como resultado el mayor monstruo de la historia de la humanidad: el nazismo. Haneke nos muestra el huevo de la serpiente antes de su eclosión, cuando en muchos casos (aunque no todos) se pudo haber evitado lo que acabaría sucediendo. Frente a esto, los (poquísimos) personajes positivos de la película optan por la huida, por enterrar lo que saben bajo el polvo del olvido, ignorando que, al mirar hacia otro lado, propician el crecimiento de la bestia tanto como aquellos que alimentan su odio.

Los actores, todos ellos perfectos desconocidos para el espectador medio, están absolutamente sensacionales: transmiten, con sus actitudes, con sus gestos y miradas, toda la tensión, el dolor y la podredumbre que se respira en el pueblo. Mención especial merecen los niños, cuyo aspecto (ario, por supuesto) y actitudes nos recuerdan inevitablemente a los temibles infantes alienígenas de “El Pueblo de los Malditos” (1960). Su presencia constante en la historia (no en vano el subtítulo de la película es “Una historia alemana de niños”) resulta muchísimo más incómoda y amenazadora que la de sus adultos, entreviéndose en ellos las actitudes de sadismo y crueldad, de envidia y venganza, y también de patético seguidismo, de las que su generación haría gala 25 años después de lo que se nos narra aquí.

Es una pena, creo yo, que no existan más directores como Michael Haneke en las cinematografías europeas: gente capaz de meterse en el armario de los esqueletos y reventar la puerta de una patada. Esto es lo que nuestros padres y abuelos hicieron, nos dice Haneke, y con ello tenemos que aprender a vivir, y a entender por qué lo hicieron. Como digo, una pena que no haya más gente como él en nuestra vieja Europa.

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comentarios
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