Crítica: Much Ado About Nothing

Publicado: julio 6, 2013 en Biblioteca, Cine, Críticas
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T.Original/Año: Much Ado About Nothing (2013)
Dir.: Joss Whedon
Int.: Alexis Denisof, Amy Acker, Fran Kranz, Jillian Morgese, Sean Maher, Clark Gregg, Nathan Fillion, Reed Diamond, Tom Lenk, Spencer Treat Clark, Riki Lindhome, Ashley Johnson, Emma Bates

A ver. Cómo me lo monto yo para dar una opinión mesurada y objetiva de Much Ado About Nothing, versión Joss Whedon. Much Ado About Nothing (o Mucho ruido y pocas nueces, en su versión patria). Joss Whedon. Cinematográficamente, para quien esto escribe, eso es el equivalente de un helado de vainilla con chocolate belga derretido por encima, de una maldita tarta Sacher parida por el mejor de los artesanos pasteleros de Austria. Es una condenada orgía de varios de mis fangirlismos más adorados. Así están las cosas, señores.

Pero voy a intentarlo. Much Ado About Nothing es una adaptación moderna de la obra de William Shakespeare Mucho ruido y pocas nueces, que Joss Whedon rodó en 12 días en su propia casa, mientras hacía una pausa en el montaje de Los Vengadores. Para desestresarse, dice él. Porque lo lógico cuando estás hasta el cuello de trabajo es traerte más trabajo a casa. En fin. Lo cierto es que Whedon es un reconocido admirador de las obras de Shakespeare, y era cuestión de tiempo que acabara intentando llevar una de ellas al cine. Y lo lógico, visto el conjunto de su trabajo, es que adaptase una comedia; y más lógico aún era que adaptase Mucho ruido y pocas nueces, posiblemente la comedia más verborreica y con más guerras de ingenio de todas las paridas por el Bardo. Si había una obra de Shakespeare que se ajustaba como un guante a las habilidades de Joss Whedon como director, era esta.

No estamos ante una gran adaptación canónica, como la dirigida y protagonizada por Kenneth Branagh hace 20 años. Esto es un divertimento, y en ningún momento pretende ser otra cosa. Los medios son pocos (bien aprovechados, pero pocos), y los escenarios reducidos a la mínima expresión -lo que a veces resulta un tanto claustrofóbico-. Pero es que lo que importa aquí son un grupo de amiguetes pasándoselo bien. Much Ado About Nothing es, ante todo, una inmensa celebración de los actores del whedonverse, desde Buffy, cazavampiros (Alexis Denisof, Nathan Fillion y Tom Lenk) a Los Vengadores (Clark Gregg y otra vez Denisof), pasando por Angel (Amy Acker y ¿lo adivináis? Denisof), Firefly (Nathan Fillion y Sean Maher) y Dollhouse (Fran Kranz, Reed Diamond y Acker). Muchos de los actores más jóvenes y desconocidos han trabajado con Whedon en un momento u otro. Sólo Spencer Treat Clark (para los despistados: sí, es el chaval de GladiatorEl Protegido) y Emma Bates son nuevos en el asunto. Es por ello que resultará mucho más simpática y agradecida cuanto más se conozca de la obra y milagros de Whedon y su troupe.

Si he de echarle en cara algo a Much Ado About Nothing es la interpretación -al menos en parte- de Alexis Denisof. A pesar de su innegable don para la comedia, Denisof suelta sus diálogos de tirón, sin hacer pausas y a veces casi sin esperar a que sus interlocutores terminen sus frases. En una obra en que la guerra verbal es uno de sus puntales principales, desmerece mucho algunos de los momentos más divertidos de la historia; sin embargo, se le perdona en los momentos de comedia más física, cuando no tiene inconveniente alguno en revolcarse, saltar, hacer flexiones y todo lo que se le ponga por delante, hasta hacer que el espectador se retuerza de risa. La parte del león, sin embargo, se la llevan Clark Gregg (encantado de haberse podido quitar por un momento el traje de Phil Coulson y pasándoselo bomba) y, sobre todo, el glorioso Nathan Fillion, cuyo momento “I am an ass” es de lo mejor de la película pero de lejos. El resto de los actores cumplen con solvencia; ninguno de ellos tiene muchas tablas con Shakespeare, ni pretende tenerlas, pero salen más que airosos del reto.

La dirección de Whedon está muy lejos de Los Vengadores, y los que sólo le conozcan por la obra magna marveliana se quedarán bastante sorprendidos; en efecto, la cámara está aquí más cercana a algunos de sus grandes momentos televisivos que a los cinematográficos. No le va nada mal, dado el material que tiene entre manos, que no precisa de grandes florituras. Apoyado en un grupo de intérpretes con ganas de pasárselo bien, en una banda sonora sencilla pero francamente bonita (compuesta por el propio director) y en la complicidad con el espectador, Whedon nos ofrece una película divertida, que deja un muy buen sabor de boca y que rebosa encanto por los cuatro costados. Ni más, ni menos que eso.

(Al final he podido ser un poco comedida. Algo es algo.)

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