De cine, críticos, sexo e hipocresía

Publicado: agosto 30, 2013 en Cine, Reflexiones Random, Uncategorized
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Hoy quiero compartir una reflexión de esas que me vienen de cuando en cuando, aunque no tenga mucho que ver con la temática habitual del blog. A tenor del éxito (uno presente, otro futuro) de dos películas de autor, europeas y eminentemente “festivaleras”, una no puede más que ponerse a darle vueltas al tema. Me refiero a La vie d’Adèle (o Blue is the Warmest Color, en su título anglosajón), de Abdellatif Kechiche, y a Nymphomaniac, de Lars von Trier. Una se llevó la Palma de Oro en Cannes. La otra, aunque no se estrenará en festivales, apunta por todas partes a halagos y premios de la crítica (y el público) más… intelectual (antes de que nadie diga que me estoy burlando de algún colectivo de espectadores en particular: el que se pica, ajos come). Sólo hay que ver algunas webs de cine, o entrar en Twitter, para ver la expectación que está creando la película de Von Trier.

La duda que se me plantea (porque soy un poco mosca cojonera), es hasta qué punto el éxito de la primera, y el futuro éxito -o al menos el hype– de la segunda están motivadas por la calidad de las obras, y no por motivos, digamos, más mundanos. Antes de empezar, y como, por motivos obvios, no he visto ninguna de las dos, quiero dejar claro que NO CUESTIONO LA CALIDAD DE LAS PELÍCULAS. Es evidente que para decidir si son buenas o malas, primero tendría que haberlas visto. Ya sé que es ponerse la venda antes de las pedradas, pero es que me las veo venir. Vamos a ello.

Hace unos tres meses, La vie d’Adèle arrasó con todos los elogios de la crítica del Festival de Cannes. Ganó el premio FIPRESCI, así como la Palma de Oro, que por primera vez se entregó también a las actrices protagonistas, Léa Seydoux y la debutante Adèle Exarchopoulos (esto último no tengo muy claro por qué, a ver si algún amigo entendido en festivales de cine me lo aclara). Las ovaciones, por lo que cuentan los que estuvieron en el festival, fueron de órdago. Además, siendo una historia de amor lésbica, supuso un (merecidísimo) bofetón a los que, esos mismos días, se manifestaban en las calles de París en contra del matrimonio homosexual. Hasta ahí, genial. Tres hurras por Kechiche, Seydoux y Exarchopoulos.

Blue_is_the_Warmest_Color_poster

Lo que me mosquea en torno a La vie d’Adèle es ESA escena. Los que sabéis de que va la película (o la habéis visto, directamente), sabéis a qué me refiero. En palabras de Justin Chang, crítico de Variety, la cinta contiene “la escena de sexo lésbico más explosivamente gráfica vista en tiempos recientes” (vale, todos sabemos que los americanos son un pelín exagerados en lo que respecta al sexo, pero sirvan para hacernos una idea). La propia autora de la novela gráfica en que está basada, Julie Maroh, se mostró decepcionada en ese tema en concreto, comparando dicha escena al porno y afirmando que “como feminista y lesbiana, no puedo respaldar la dirección que Kechiche ha tomado en ese tema concreto. Aunque me encantaría conocer la opinión de otras mujeres”. La escritora también comenta que “los heterosexuales se ríen de la escena porque no la entienden y la encuentran ridícula, y los homosexuales se ríen de la escena porque no es convincente y la encuentran ridícula”. Y eso lo dice la autora del material original.

No puedo evitar pensar en hasta qué punto cierta parte de la crítica se habrá visto influenciada por la escenita de marras. No me malinterpretéis, no soy una mojigata, y procuro ser lo más amplia de miras posible. Pero que toda una serie de críticos hayan ensalzado la película de forma tan, digamos, apasionada, es como mínimo curioso. Más teniendo en cuenta que la mayoría no son precisamente conocidos por su amplitud de miras, muchos de ellos son absolutamente destroyers con cualquier película que se les ponga por delante (llamémoslo el Boyero’s Style Manual), y de los que, quien más quien menos, sabemos que se dedican a jugar al tetris con el móvil durante buena parte de la proyección (cosa que no dudo que muchos hicieron, teniendo en cuenta que La vie d’Adèle dura tres horas). Así pues, ¿están valorando La vie d’Adèle como película? ¿O están valorando el soberano calentón que se llevaron después de ver a dos muchachas de buen ver retozando como su madre las trajo al mundo? Como he dicho antes, no cuestiono la calidad de lo rodado por Kechiche, sino la voluntad de los críticos de poner por las nubes algo de lo que sólo recuerdan que los ha puesto como una moto. Porque, por más críticas que leí en su día, y por mucho que todas alababan el trabajo de las dos actrices, no pude encontrar NI UNA que mencionase otra escena que no fuese esa. Al menos, en la mal llamada “prensa profesional”. No sé qué os dice eso a vosotros, pero a mí me dice que, del resto de la película, ni se acordaban.

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Lo cual me lleva al hype que está despertando Nymphomaniac, la próxima película de Lars von Trier. Vayamos por partes. Von Trier es un provocador. Lo ha sido siempre, y en buena parte sus películas se nutren de su afán por la provocación. Claro que, últimamente, se le está yendo de las manos. Después de la polvareda que levantaron algunas escenas de Anticristo (por cierto una película que me pareció un soberano tostón), y de que lo pusieran de patitas en la calle en Cannes por aquellos comentarios sobre entender a Hitler y ser nazi, parece que ha cumplido su ¿promesa?¿amenaza? de rodar una película porno con estrellas de Hollywood (en su reparto están Charlotte Gainsbourg, Stellan Skarsgard, Shia LaBeouf, Uma Thurman, Jamie Bell y Willem Dafoe, entre otros). Y, como era previsible, Internet está que arde. Honestamente, nunca había visto tantos fans de Lars von Trier como desde que empezaron a aparecer las primeras imágenes de Nymphomaniac. Hay quien ya califica la película de genialidad, y eso que ni siquiera se han hecho pases previos (su estreno en Dinamarca y Francia está previsto para Navidad). Y eso me lleva a preguntarme, otra vez, hasta qué punto la expectación tiene que ver con el cine y no con el calentón. Porque Von Trier ya ha anunciado que se estrenarán dos versiones de la película, una softcore y una hardcore. Y claro, hay que ver la obra completa, tal y como la ha concebido su creador, y… ¡ANDA YA! El que diga que va a ir a ver la versión hardcore por eso, o nos toma a todos por idiotas, o tiene una capacidad de autoconvicción alucinante.

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No sé si veré La vie d’Adèle, más por pereza que por otra cosa. Es más que probable que no vea Nymphomaniac, porque Von Trier ya me revolvió el estómago con Anticristo, y no me apetece volver a ver lo que le cuelga a Willem Dafoe (ni a Shia LaBeouf, ya puestos). Aún así, puede que sean excelentes películas. Lo que no soporto es el doble rasero. Que críticos ultramegaprofesionales sean capaces de poner de vuelta y media una película por añadir escenas sexuales que ellos consideren “gratuitas” (y vale, muchas veces lo son), pero que alaben otra hasta la náusea porque: A) Sea europea (como si en las cinematografías europeas no se hicieran ñordos del tamaño de la Torre Eiffel); y B) Se hayan puesto como una moto viéndola. No es de recibo que pongan a parir a Almodóvar porque su última película es demasiado gay (otra cosa es que sea mala o buena, pero ¿demasiado gay? ¿En serio?), pero aplaudan hasta quedarse sin manos a Kechiche por haber sido tan valiente al haber narrado una historia de amor lésbico. A eso, señores, se le llama doble vara de medir. O triple. Y da igual lo buenas o malas que sean las películas de Kechiche, Von Trier, Almodóvar o la madre que los parió, porque aquí lo que se está valorando no es eso. Maldita sea, ni siquiera se les puede llamar ya gafapastas, porque le dan mal nombre al colectivo. Son pervertidillos, guarretes de sala X de los años ’70, disfrazados con las gafas de pasta de los mercernarios de la palabra escrita. Llámenlo evolución, si quieren. Yo prefiero llamarlo hipocresía flagrante.

P.D.: Una última pregunta para terminar el tostón: todos estos que tan expectantes están por ver qué ha hecho el, ejem, genio de Lars von Trier… ¿son los mismos que pondrán a parir a todos los que irán al cine a ponerse brutos con 50 Sombras de Grey, la película?

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