Crítica: Thor: El Mundo Oscuro

Publicado: octubre 30, 2013 en Cine, Comics, Críticas
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T.Original/Año: Thor: The Dark World (2013)
Dir.: Alan Taylor
Int.: Chris Hemsworth, Natalie Portman, Tom Hiddleston, Christopher Eccleston, Anthony Hopkins, Idris Elba, Jaimie Alexander, Zachary Levi, Ray Stevenson, Rene Russo, Adewale Akinnuoye-Agbaje, Tadanobu Asano, Stellan Skarsgard, Kat Dennings

De las películas que integraron la llamada “Fase Uno” del Marvel Cinematic Universe, Thor salió claramente perdedora. Frente al arrollador carisma de Robert Downey jr. en Iron Man 1 y 2, y a la sensación de “pues ha salido una película mucho mejor de lo que todo el mundo pensaba” de Capitán América: El Primer Vengador, las aventuras del Dios del Trueno, víctimas de un guión mediocre, de un montaje lamentable y, en España, de un doblaje atroz, provocaron que todo el mundo viese a la película de Kenneth Branagh como la pariente pobre del invento. Tuvo que llegar Joss Whedon para, recogiendo varios de los elementos más interesantes de Thor (que los tiene, y muchos), pulir y darle lustre al tema en Los Vengadores. El éxito fue clamoroso, y la mejor prueba de ello es que Thor: El Mundo Oscuro es hija y heredera de los cambios introducidos por Whedon.

El primer cambio destacable, y del que todo el mundo habla, es el incremento del sentido del humor. En Thor había cierta dosis de comedia, en su mayoría dedicada a mostrar las desventuras de Thor en plan “pez fuera del agua” en la Tierra; un par o tres de gags funcionaban, pero la verdad es que el resto se movían entre la sonrisa tibia y la vergüencita ajena. Aquí la cosa no es que mejore, es que se dispara, dando algunas de las situaciones más divertidas vistas en el Marvel Cinematic Universe (vale, ninguna de ellas supera a las gloriosas intervenciones de Hulk sacando dioses nórdicos de plano en Los Vengadores, pero hay un par que se le acercan muy mucho). Incluso los momentos “pez fuera del agua” hacen que te partas de risa, aunque sólo sea por lo surrealista de la situación (cuatro palabras: Thor en el metro). Donde en Thor todo era tormento y drama shakespeariano -no olvidemos quién es Branagh… ni la pulla al respecto de Whedon-, en Thor: El Mundo Oscuro nos encontramos con algo mucho más parecido a lo que Marvel lleva toda la vida vendiendo en sus cómics: aventura, entretenimiento y humor, sin por ello tener que renunciar a plantear situaciones dramáticas e historias con un trasfondo de seriedad. A diferencia de Branagh, Alan Taylor aprovecha el potencial de sus actores, tanto el dramático como el cómico, y los resultados son, en general, excelentes. Y hablando de eso…

Los actores están, en general, infinitamente mejor que en la primera parte. Chris Hemsworth le ha terminado de coger del todo el pulso al Dios del Trueno y, una vez completada su transición de chulopiscinas a hombre responsable y consciente de su estatus y sus deberes, le aporta al personaje una mezcla de majestuosidad y tremenda dignidad poco menos que perfecta. Natalie Portman está menos odiosa que en la primera (lo siento, habrá a quien les guste Jane Foster, a mí me parece lo más asesinable que ha salido del MCU), lo cual es de agradecer, porque era lamentable ver a una actriz de su talla haciendo el imbécil de semejante manera. El contrapunto lo ponen Stellan Skarsgard, Kat Dennings y Jonathan Howard, cuyas intervenciones suponen la concesión al humor chusco y tontorrón de la primera Thor… que supongo que habrá a quien le haga mucha gracia, pero yo no soy una de ellos. Los asgardianos, por poco aprovechados que estén -Sif y los Tres Guerreros tienen aquí menos cancha que en la primera-, funcionan correctamente, e incluso Anthony Hopkins sale un poco del piloto automático (no mucho) para convertir a Odín en un tipo aún más… majete y adorable que el de la primera entrega.

Pero amigos, Alan Taylor y Marvel (sobretodo Marvel) saben quién es la auténtica y genuina estrella del show: Loki. A estas alturas, Tom Hiddleston tiene al personaje tan perfeccionado que es capaz de hacer con él lo que le da la realísima gana. Y claro, se come a todo y a todos los que están a su alrededor. A su mezcla de carisma, atractivo y mala hostia le ha sumado el único punto que le faltaba: el de un glorioso sentido del humor. El Loki de Thor: El Mundo Oscuro ya no es el príncipe atormentado de la primera Thor, ni el maníaco megalómano de Los Vengadores (bueno, eso último sí, pero no sólo): se ha convertido en alguien que está completamente de vuelta de todo, que sabe que no tiene nada que perder y, como tal, se toma a cachondeo a todo dios, literal y metafóricamente (“No me lo digas: vas a matarme. Creo que la cola para eso es bastante larga”). Y sin embargo, su función no es la de ejercer simplemente de grano en el culo de todo quisqui (que también), sino que es capaz de proporcionar un par de vueltas de tuerca al personaje que justifican su privilegiada posición como el mejor, y sin duda el más popular, de los villanos del MCU hasta la fecha.

La contrapartida, además de las escenas en la Tierra (casi todas ellas aburridas, cargantes y sobrantes, excepto la batalla final), es el villano de turno, Malekith, interpretado -es un decir- por Christopher Eccleston. A un personaje plano y sin gracia, que recuerda sobremanera al Nero (Eric Bana) de la primera Star Trek de Abrams, y a verse arrollado por Hiddleston en la mejor versión de su evil persona, se suma una de las interpretaciones más apáticas y tristonas que yo le recuerde. Eccleston comentó en la rueda de prensa que únicamente aceptó el papel para poder pagar facturas, y parece empeñado en demostrarlo en cada segundo de película en la que aparece. A pesar de ello, es el mal menor de una película que no aburre en casi ningún momento (sus dos horas pasan volando), con la que te ríes hasta decir basta y que tiene algunos de los mejores momentos que ha dado el MCU (el final es… bueno, mejor me lo callo). Y si algunos de los pronósticos que aventura para el futuro del MCU se cumplen, los aficionados a los cómics Marvel vamos a acabar aplaudiendo hasta con las orejas. ¿Qué más se puede pedir, por Odín?

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