Archivos de la categoría ‘Uncategorized’

Un año más, volvemos con un repaso a lo que más llama la atención a esta humilde cronista tan poco de fiar. En el que puede ser el penúltimo año antes de que Hollywood implosione y el blockbuster tal y como lo conocemos se vaya a la porra, nos encontraremos cuentos, desapariciones, proyectos malditos, secuelas y superhéroes, muchos superhéroes. Como siempre, la lista es estrictamente personal, pero se agradecen sugerencias, correcciones , quejas e incluso amenazas. Allá vamos. (más…)

527b1c93c190eMarvel Entertainment sigue demostrando que, a pesar de que sus productos audiovisuales no sean 100% redondos, hoy día nadie le tose en lo que a entretenimiento superheroico se refiere. En plena resaca de buenas críticas y una más que decente taquilla internacional para Thor: El Mundo Oscuro, la Casa de las Ideas acaba de anunciar su asociación con Netflix para producir no una, sino ¡cuatro! series a partir de 2015, basadas en otros tantos personajes: Daredevil, Jessica Jones, Puño de Hierro y Luke Cage. Las cuatro series, a las que Netflix se ha comprometido a dar al menos una temporada de trece capítulos cada una, culminarán en la miniserie The Defenders, que presumiblemente reuniría a los cuatro personajes.

Marvel se resarce así de su mayor tropezón en los últimos años: la serie Marvel’s Agents of S.H.I.E.L.D., que a pesar de estar obteniendo audiencias medianamente decentes en USA, se está llevando palos como catedrales por parte de la afición. Y, de paso, hace justicia a dos personajes que la clamaban a gritos: Daredevil, cuya atroz adaptación a la gran pantalla todavía hace llorar a quien esto escribe; y Jessica Jones, quizá uno de los personajes menores más queridos del universo Marvel. Los resultados, en Netflix a partir de 2015.

P.D.: Y DC aún sin saber qué hacer con Wonder Woman…

Hoy quiero compartir una reflexión de esas que me vienen de cuando en cuando, aunque no tenga mucho que ver con la temática habitual del blog. A tenor del éxito (uno presente, otro futuro) de dos películas de autor, europeas y eminentemente “festivaleras”, una no puede más que ponerse a darle vueltas al tema. Me refiero a La vie d’Adèle (o Blue is the Warmest Color, en su título anglosajón), de Abdellatif Kechiche, y a Nymphomaniac, de Lars von Trier. Una se llevó la Palma de Oro en Cannes. La otra, aunque no se estrenará en festivales, apunta por todas partes a halagos y premios de la crítica (y el público) más… intelectual (antes de que nadie diga que me estoy burlando de algún colectivo de espectadores en particular: el que se pica, ajos come). Sólo hay que ver algunas webs de cine, o entrar en Twitter, para ver la expectación que está creando la película de Von Trier.

La duda que se me plantea (porque soy un poco mosca cojonera), es hasta qué punto el éxito de la primera, y el futuro éxito -o al menos el hype– de la segunda están motivadas por la calidad de las obras, y no por motivos, digamos, más mundanos. Antes de empezar, y como, por motivos obvios, no he visto ninguna de las dos, quiero dejar claro que NO CUESTIONO LA CALIDAD DE LAS PELÍCULAS. Es evidente que para decidir si son buenas o malas, primero tendría que haberlas visto. Ya sé que es ponerse la venda antes de las pedradas, pero es que me las veo venir. Vamos a ello.

Hace unos tres meses, La vie d’Adèle arrasó con todos los elogios de la crítica del Festival de Cannes. Ganó el premio FIPRESCI, así como la Palma de Oro, que por primera vez se entregó también a las actrices protagonistas, Léa Seydoux y la debutante Adèle Exarchopoulos (esto último no tengo muy claro por qué, a ver si algún amigo entendido en festivales de cine me lo aclara). Las ovaciones, por lo que cuentan los que estuvieron en el festival, fueron de órdago. Además, siendo una historia de amor lésbica, supuso un (merecidísimo) bofetón a los que, esos mismos días, se manifestaban en las calles de París en contra del matrimonio homosexual. Hasta ahí, genial. Tres hurras por Kechiche, Seydoux y Exarchopoulos.

Blue_is_the_Warmest_Color_poster (más…)

Liebster Award

Publicado: junio 10, 2013 en Uncategorized

Liebster award 2013

Hace ya varios días, concretamente el pasado 28 de mayo, el amigo Sander Rodríguez tuvo a bien incluírme en su lista de Liebster Awards. Es un reconocimiento de gente que escribe blogs a otra gente que escribe blogs, algo que resulta tremendamente gratificante, teniendo en cuenta las toneladas de talento que corren por la red.

Aunque tarde (porque si no hiciese las cosas tarde no sería yo), muchas gracias a Sander por su reconocimiento. Y, por supuesto, paso a seguir la cadena del premio, que consiste en lo siguiente:

1.- Nombrar y agradecer el premio a la persona que te lo concedió:

De nuevo, muchas gracias a Sander Rodríguez, del blog Olimpo de Zeus

logo Oz

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We are back

Publicado: febrero 21, 2013 en Uncategorized

TheDescentHandComingOutOfGround2-2-

Hemos reunido las reliquias necesarias, hemos sacrificado las vírgenes pertinentes y hemos invocado a todos los dioses imaginables… Estamos de vuelta…

Iä Iä Cinefreaks Ftaghn

Muy pronto más, y más bonito (porque peor es imposible)

Lavado de cara a Cinefreaks

Publicado: mayo 11, 2011 en Uncategorized

Hace ya días que tenía en mente hacerle un pequeño lavado de cara al blog. Después de dos años y pico con el mismo aspecto, me apetecía darle un estilo diferente, y hete aquí que WordPress me ha dado la herramienta perfecta. Desde ahora, Cinefreaks rinde homenaje al gran Saul Bass, responsable de títulos de crédito tan célebres como los de “Psicosis”, “La tentación vive arriba” o “Uno de los nuestros”, entre muchas otras.

La nube de categorías, enlaces a otros blogs, el feed, buscador, calendario y twitter se encuentran ahora al final de la página principal, por lo que he reducido el número de posts que se podrán ver en ésta, aunque todos siguen estando disponibles.

Espero que os gusten los cambios y, por supuesto, no os cortéis a la hora de dar vuestras opiniones, críticas y sugerencias. Nos vemos por aquí.

El Payaso Triste del Circo

Publicado: mayo 10, 2010 en Uncategorized
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Hoy he tenido la oportunidad de asistir al pase de prensa de “Robin Hood” que Universal ha organizado en Barcelona. De la película no puedo hablar aún, por motivos contractuales con la productora, pero no puedo pasar por alto una situación vivida allí, y que básicamente me ha cabreado a base de bien.

Está claro que Internet ha cambiado la forma de hacer las cosas en muchos campos, y, para bien o para mal, el periodismo en general, y la información cinematográfica en particular -sea ésta noticias, críticas o cualquier otro campo-, es uno de los ámbitos que más ha cambiado con la globalización de la red. Ello en sí no tiene por qué ser malo, sino más bien al contrario: Internet ha resultado no sólo una excelente plataforma de expresión para que todo el mundo pueda dar su opinión acerca del mundillo del cine (o por otra parte, del mundillo que le dé la gana), sino que además ha conseguido abrir puertas a excelentes profesionales del sector que, de otra forma, no hubieran podido dedicarse a aquello que les apasiona y que, por otra parte, hacen tan bien. Personalmente, y aunque no osaría incluirme en la lista de algunas de las personas en las que estoy pensando, debo darle las gracias a Internet por permitirme descargar mis paranoias mentales acerca de un mundo, el del cine, que amo de forma apasionada desde que tengo uso de razón; sin ella, jamás hubiera podido compartir mis opiniones con quienes me leen, sean éstos muchos o pocos, estén o no de acuerdo conmigo.

Todo este rollo viene a cuento por lo que ha pasado esta mañana, mientras esperábamos a que diese comienzo la proyección de “Robin Hood”. Os pongo en situación: en una de las salas de Cinesa Diagonal estábamos los acreditados para asistir a la proyección, siendo muchos de nosotros gente joven, en un gran número de casos provinientes de medios de Internet. Justo en la fila de delante, se me sientan tres venerables caballeros -y sí, es la forma educada que tengo de decir que eran tres carcamales provenientes del pleistoceno, como mínimo-, provenientes de un medio indeterminado de la prensa escrita de nuestro país. Hasta aquí, supongo, todo normal. La parte desagradable de esta historia da comienzo cuando, tras varios minutos de quejas por tener que venir a ver una peli hollywoodiense (supongo que hubiesen estado menos cabreados si sus editores les hubiesen pagado el billete y el hotel para verla en Cannes), y de bromas de mal gusto acerca de que “los críticos profesionales se ponen en los lados de la fila para así poder irse antes de que termine la película” (eso es profesionalidad y lo demás son gilipolleces), la han emprendido a vueltas con el resto de los asistentes -supongo que descartando a algunos de sus amiguetes, tan jurásicos como ellos mismos-.

Comentarios como “no hay tantas publicaciones de cine en este país”, “éstos sólo vienen cuando hay una película que les interesa, que así la ven gratis” o “y encima se traen a sus amiguetes para comentar la jugada”, han colmado el vaso de mi paciencia. Estos señores, que quizá escriban sus reseñas con pluma de ave sobre pergamino -o quién sabe, lo mismo las cincelan en placas de mármol-, no sólo han demostrado un desconocimiento absoluto de las nuevas tecnologías, además de una soberana envidia y rabia hacia quienes, imagino, suponen competencia desleal sólo por no imprimir aquello que escriben; también han demostrado un enorme desprecio hacia quienes, en definitiva, son sus compañeros de profesión, pues todos aquellos que estábamos allí teníamos tanto derecho como ellos a estar sentados en aquella sala. Su inquina contra las nuevas generaciones, que no sólo aprecian en mayor mesura el cine comercial que se hace hoy día -vale, también los hay que no, que pedantes los hay en todas partes-, sino que no les duele prendas hacerlo con toda la libertad del mundo, y que probablemente por ello son más escuchados y apreciados de lo que lo son ellos, es venenosa, aunque pueda comprenderla hasta cierto punto, pues a nadie le gusta que le recuerden que se ha quedado “anticuado”, y no sabemos cómo reaccionaremos nosotros en el futuro. Sin embargo, su nada disimulado odio por aquellos que no trabajan para un medio en papel, y que -¡oh, crimen imperdonable!- han pasado de los amiguismos y enchufes que hay en la prensa cinematográfica de nuestro país (que los hay, y no es que lo diga yo, es que ellos mismos lo reconocen sotto vocce), los coloca a un nivel que sólo se puede tachar, además de chulesco, de despreciable y poco profesional.

Un apunte para terminar mi historia: a pesar de los despotriques contra “estos niñatos que vienen aquí a molestar”, no les han dolido prendas de comportarse como el adolescente más maleducado y grosero que jamás os hayáis podido encontrar en una sala de cine. Cuando ya se estaban apagando las luces de la sala, uno de ellos ha tenido a bien llamar a alguien por teléfono, y estar dándole a la lengua los primeros cuatro o cinco minutos de la película; todo ello, mientras su amigo de al lado ponía al día su muy intensa vida social a través de su iPhone -se ve que para esto sí que entienden de qué va Internet-, y seguía haciendo comentarios de mal gusto y peor profesionalidad con el tercero de turno. Todo muy educado, sí señor.

Sinceramente, lamento no saber los nombres de los tres energúmenos, o, al menos, para qué medio o medios escriben. Porque sería de lo más interesante saberlo, aunque sea para no acercarme jamás a nada que ellos hayan escrito, y recomendar a mis amigos y conocidos, a mis lectores y a todo el que quiera escucharme, que hagan lo mismo que yo. Señores de la prensa “tradicional”, que no me refiero a todos ustedes (afortunadamente también habían por allí maestros de la talla de Jaume Figueras), pero que sepan que personajes como estos tres no hacen ningún favor a la profesión; su bordería, su desprecio, su mala educación y su negativa a ver la realidad nos cabrean en primera instancia, pero luego nos provocan una sensación de hilaridad aderezada con unas gotas de genuina compasión: la misma que produce ver al payaso triste del circo, ése que se niega a ver que sus métodos ya no sirven, que la gente ya no se ríe con él, sino de él. Ustedes tres, señores críticos de esta mañana, son el payaso triste del circo. Lo siento por ustedes.