
En 1992, la ripperología estuvo a punto de dar el vuelco definitivo cuando apareció un “Diario”, supuestamente escrito por el Destripador. El librito, de apenas 65 páginas, fue sacado a la luz por Michael Barrett, un marinero en paro de Liverpool, que aseguró que éste le había sido entregado por su amigo Tony Devereux (convenientemente fallecido).
En el supuesto diario, la persona que escribía aseguraba ser el Destripador, dando detalles de los crímenes que sólo el asesino parecía poder saber. La comunidad ripperóloga, no obstante, recibió el diario con escepticismo, sometiéndolo a todo tipo de pruebas de datación y grafología, para acabar dictaminando que se trataba de una falsificación de más o menos mitad del siglo XX. No ayudó el que Barrett acabara diciendo que él había falsificado el diario, para después retractarse, para después volver a retractarse de la retractación y volver a mantener que es falso, lo que sigue haciendo a día de hoy. Para acabar de rematar el circo, Ann, la ex esposa de Barrett, también salió a la palestra diciendo que el diario era una reliquia familiar, encontrada por un antepasado suyo bajo el suelo de madera de Battlecrease House, la casa donde vivió el asesino, y que fue ella quien se lo dio a Devereux para que éste, a su vez, se lo diera a Barrett y animarlo después de su despido. Con semejante esperpento montado, no es de extrañar que el diario se considere, a día de hoy, un auténtico fraude.
¿Y a quién señalaba el diario como autor de los crímenes? Pues a un respetable comerciante algodonero de Liverpool llamado James Maybrick. De hecho, Maybrick ya era conocido en los anales de la criminología británica… como víctima de asesinato.


Tal día como hoy, hace 404 años, Guy Fawkes y varios católicos más estuvieron a punto de mandar por los aires el Parlamento británico, y al rey Jacobo I con él, durante la ceremonia de apertura anual. Lamentablemente (porque la locaza de Jacobo fue un pésimo rey) la llamada Conspiración de la Pólvora fracasó, todos fueron ejecutados, y la mala gestión de Jacobo y de su aún más inútil hijo, Carlos I, llevó a una sangrienta guerra civil y a que un psicópata fanático llamado Oliver Cromwell gobernara Inglaterra durante cinco años.
Pero si la cultura pop le debe algo a Guy Fawkes es “V de Vendetta”, una de las numerosas obras maestras paridas por Alan Moore. Amante y buen conocedor de la cultura y la historia de su país, Moore utilizó la figura de Fawkes para crear a V, uno de sus personajes más memorables, luchador incansable contra la tiranía en una sociedad opresiva, dictatorial y distópica que se parece sospechosamente (o no tanto) a la Inglaterra gobernada con mano férrea por Margaret Thatcher allá en los ‘80, cuando se publicó la novela gráfica. Anarquista, radical, burlón, V no es un héroe al uso, ni sus ideas son políticamente correctas (a pesar de que yo sí comulgo con su política de combatir el fuego con fuego).
El mundo friki está de luto. El pasado 3 de noviembre fallecía Sheldon Shel Dorf, que tal vez por el nombre no os diga nada, pero que resulta que fue el fundador de la Comic Con International de San Diego. Dorf, de 76 años, falleció a causa de complicaciones renales derivadas de la diabetes que padecía desde hacía años.









